silla y escalera

28 de enero de 2005

La bolsa o la vida

Hace más de dos años que mi novia y yo estamos apuntados en las listas de Etxebide (Servicio Vasco de Vivienda) para poder optar a una vivienda de protección oficial. Dejaré para futuras historias otros encuentros y desencuentros habidos con las huestes de Madrazo y me centraré esta vez en un asunto que me ha dejado varios días sin poder cerrar la boca de estupor.

¡A quién se le ocurre trabajar en tu situación!
El caso es que yo trabajo, qué le vamos a hacer. Esto es casi una excepción entre las personas con discapacidad, donde ser desempleado o pensionado es, por desgracia, lo más habitual. Si a esto le añadimos que tengo un sueldo "digno" (no voy a poner "alto", no sea que alguien lo interprete como "excesivo"), la excepción roza con el milagro.



Pues bien, el pasado 30 de diciembre, el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz realizó un sorteo de viviendas, del que quedamos excluidos. Una de las razones que se nos dio era "no acreditar debidamente ingresos" (de la segunda razón quizá escriba en otro momento, para no dispersarme...). En las oficinas de Etxebide nos informaron de que esa era una frase genérica para muchas situaciones que tienen relación con los ingresos de los "aspirantes" y, en nuestro caso, la verdadera razón era que los ingresos superan el límite permitido para optar a viviendas de protección oficial.

Y ahora, ¿dónde voy a vivir?
Ante esto, envié un mensaje a Etxebide para exponerles mi situación y preguntarles qué opciones de conseguir una vivienda adaptada me quedan (si no es que me toque la lotería para construirme un chalet). Su respuesta se limitó a recordarme los aspectos legales que ya conocía: cuáles son los límites mínimos y máximos de ingresos permitidos y cómo se computan.

Sin embargo, la realidad es que las personas con movilidad reducida y, sobre todo, aquellas que utilizamos silla de ruedas no tenemos otra posibilidad para tener una vivienda adaptada que optar a las que gestiona directa o indirectamente Etxebide (protección oficial, cooperativas...).

En el mercado libre no he visto hasta la fecha ninguna vivienda adaptada para silla de ruedas (si alguien conoce alguna en venta, se agradece cualquier información al respecto).

En definitiva, me queda la opción del chalet, pero mi sueldo no es tan "digno" como para eso.

La "igualdad de oportunidades"
¿Qué debo hacer, entonces? ¿Dejo de trabajar y paso a cobrar una pensión para poder así vivir por fin en un piso bien adaptado a mi discapacidad? ¿Es esa la "igualdad de oportunidades" que tanto cacarean los preámbulos de las distintas leyes de accesibilidad y similares, ya sean de ámbito autonómico o estatal?

Si hablamos de igualdad de oportunidades en este tema, yo lo entiendo así: si mis ingresos no me permiten optar a una vivienda adaptada de protección oficial, entonces debería poder optar, al menos, a cualquier vivienda del mercado libre que me permita mi sueldo; es decir, en "igualdad de oportunidades" con el resto de las personas que tienen ingresos similares a los míos. Y esa no es la situación, ¿verdad, Sr. Madrazo?

25 de enero de 2005

Encerrado

Pues nada, esta vez iba en serio. El anunciado frente polar ha llegado y me tengo que quedar encerrado en casa unos cuantos días.

Ayer volvía del trabajo cuando empezó a nevar fuerte. La silla se portó mucho mejor de lo que esperaba y no patinó ni cuesta abajo ni cuesta arriba (y tengo unas cuantas rampas y cuestas para volver a casa). Sin embargo, yo llegué como un muñeco de nieve; sólo me faltaba la zanahoria y el sombrero.

Vamos, algo así:



23 de enero de 2005

El "medicánico"

Hace un año que utilizo una silla de ruedas eléctrica. A mediados de este mes, le hicieron una revisión y, como las baterías funcionaban mal, hubo que cambiarlas. Una pasta.

El Servicio vasco de salud - Osakidetza dispone de ayudas económicas para financiar estos arreglos de sillas de ruedas. Así que me dirigí a la Delegación de mi provincia y cuál no fue mi sorpresa cuando me informan que, para solicitar esa financiación, necesito una "receta" del médico especialista (neurólogo, en mi caso) que certifique que las baterías están estropeadas y necesitan reparación.

¿Alguien entiende con qué criterio exigen esta "receta"? ¿Ahora los médicos también son mecánicos? En mi opinión, si alguien debe certificar que una silla de ruedas necesita reparación, ¿no sería más lógico que fuera, por ejemplo, una ortopedia o el propio servicio técnico de la marca?

Pero, ¿quién pide lógica en estos asuntos? De lo que se trata es de poner el máximo de trabas para que los posibles solicitantes de financiación pública acaben por tirar la toalla.

22 de enero de 2005

Porque todo va "sobre ruedas"

la Administración, los ayuntamientos, la sanidad, los comercios, el servicio de Correos, Etxebide, l@s automovilistas mal educad@s, l@s arquitect@s de diseño, el transporte público...

...y porque, al fin y al cabo, yo también voy sobre ruedas.