silla y escalera

21 de agosto de 2005

Ya estoy de vuelta

Acabo de regresar de pasar unos días en Santo Domingo de la Calzada (eso es, donde cantó la gallina después de asada). A mi novia y a mí nos costó mucho encontrar un sitio accesible y cercano (el viaje debía ser en taxi) y al final, tras semanas rastreando Internet, encontramos el Parador de Santo Domingo como una buena opción, aunque algo cara, a decir verdad.

Hemos pasado cuatro días en los que hemos paseado por el pueblo, conocido su hospitalidad, gozado de sus terrazas, degustado su rica gastronomía y aprovechado el buen tiempo (calorcito sin agobio por el día y fresco para dormir bien por la noche). El casco antiguo es peatonal y totalmente llano, aunque el piso de canto rodado de muchas calles hacía que mi silla temblara. Sin embargo, muchos establecimientos tenían un escalón alto, por lo que no pude entrar en varios restaurantes y tiendas. Incluso el Parador tiene que colocar una rampa de madera en la puerta principal y hay zonas no accesibles (salón de juegos y TV).

Examinemos un poco más la accesibilidad del Parador. En general es buena, aunque hay que señalar algunos defectos.

En primer lugar, el ascensor es bastante pequeño; mi silla eléctrica entraba por la puerta por milímetros y sólo podía cerrarse si me colocaba en diagonal y forzando los reposapiés; una silla manual algo ancha no entraría.

La habitación (la segunda por la izquierda del primer piso) no era ni mucho menos lo amplia que se puede esperar para un espacio supuestamente adaptado para silla de ruedas. Tuvimos que pedir que movieran o retiraran todo el mobiliario posible para que la silla pudiera entrar hasta el fondo de la habitación y poder así acceder a la cama y maniobrar dentro.

La puerta del baño se abría hacia afuera, cerrando el paso a la salida de la habitación. Habría sido mucho más útil colocar una puerta corredera.

El baño era suficientemente amplio para manejarse en la silla de ruedas. Desgraciadamente, algunos confunden accesibilidad con falta de mobiliario, así que el lavabo estaba "desnudo" y no había una mísera estantería para colocar el cepillo de dientes (podría haberse colocado algo así a la izquierda, como puede verse en la foto). Eso sí, enfrente del lavabo había una estantería de cristal de tres baldas, donde colocaban las "amenitites" del hotel. Esa estantería estaba colgada de la parte superior, lo que resultaba bastante peligroso, ya que al menor golpe podía caerse y romperse. Tuvimos suerte.

Otro fallo, gran fallo y habitual fallo de los baños "adaptados" de hotel, es que en lugar de ducha teníamos una hermosa bañera en la que no había forma de entrar (la víspera de marcharnos supimos que el nuevo Parador de Sto. Domingo Bernardo de Fresneda, a sólo unos metros, disponía de habitación adaptada con ducha en lugar de bañera; al ser un parador de reciente apertura, la información en Internet no parece que esté actualizada).


Por lo demás, ha sido una gozada disfrutar de los salones del Parador, ubicado en un antiguo hospital del siglo XII, donde se puede charlar o leer con tranquilidad mientras tomas un café.



Muchas gracias a la gente de Santo Domingo de la Calzada por la amabilidad con la que reciben a los visitantes y la ayuda que prestan ante cualquier dificultad de acceso a sus establecimientos.

2 comentarios:

daniel dijo...

Me quedo con la última sensación que expresas, envidiando (mucho) tu viaje. Un abrazo!

Ricardo Gómez dijo...

Muchas gracias, Daniel. Es verdad que han sido unos días (qué pena que sólo unos pocos días) muy agradables.

Además, nos hacía falta salir de la ciudad, ya que, con la falta de transporte adaptado, llevábamos casi dos años sin movernos de Vitoria más que por asuntos de trabajo.