silla y escalera

2 de septiembre de 2005

Diseño para todos

Para moverme entre mi casa y el centro de la ciudad, debo pasar por una media de tres rampas, construidas al lado de escaleras. Una de ellas, la más larga, es una rampa con cinco tramos en zig-zag de unos seis metros cada uno. Ayer, cuando volvía a casa y me disponía a bajar esa rampa, una señora de unos 60 años de edad se quedó mirando a las escaleras y, tras meditar unos segundos, me siguió a través de la rampa. Cuando llevaba dos tramos bajados me dijo: "Uff, no creía que era tan larga". Y, a continuación: "Qué bien os construyen ahora, ¿eh?".

Me quedé con el pronombre os. La mujer debía de pensar que la rampa no estaba construida para ella. Sin embargo, la utilizó, a pesar de ser "tan larga". Y es que mucha gente piensa igual: que las rampas, los accesos sin escalones, etc. sólo son para personas con problemas de movilidad.

Una de las ideas que guía el diseño para todos es que la discapacidad no es una situación especial de unos pocos, sino la situación general que todo el mundo encuentra en algún momento de su vida. Por poner un ejemplo, las puertas automáticas que se instalán en muchos establecimientos son tan útiles a un usuario de silla de ruedas como a una persona que va cargada con bolsas. Esa persona, cuando llegue a su casa, puede que no tenga ningún problema en acceder al pomo y abrir la puerta de su habitación, pero al salir del super "no tenía manos". Gente con carros de compra, con coches de bebé, bicicletas, esguinces, huesos rotos, algunas personas mayores, repartidores de mercancías... son tantas y tantas las personas con "problemas de movilidad".



Sobre los repartidores de mercancías, esta mañana escuchaba en la Cadena SER las explicaciones de Gregorio Lizalde, un tetrapléjico aragonés que ha colaborado en el programa Hoy por hoy este verano. Contaba que había visitado el Museo del Puerto Fluvial de Cesaraugusta y allí las únicas rampas que existían eran para transportar los toneles con más facilidad. A veces, cuando paso por bares, restaurantes y tiendas de todo tipo con escalones himalaicos o escaleras, pienso que los primeros en quejarse a los dueños deberían ser los repartidores, que tienen que subir ese escalón o esas escaleras con un carro lleno de cajas de botellas, o toneles de cerveza, por ejemplo.

Y volviendo a las rampas de mi barrio, además del diseño para todos, no estaría mal reivindicar la "limpieza para todos". Parece que las rampas no entran en el recorrido habitual del servicio de limpieza municipal. En una de esas rampas hay una lata de cerveza que ya me saluda cada vez que paso; lleva más de tres meses allí.

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