silla y escalera

30 de julio de 2006

Este año sí, vacaciones con COCEMFE

Este año ha habido más suerte y mañana nos vamos a Torrevieja, dentro del programa de vacaciones de COCEMFE.

Estaremos fuera un par de semanas, durante las cuales este blog también descansará.

Un saludo a todos y hasta la vuelta.

29 de julio de 2006

Para qué sirve un baño para discapacitados

Uno cree que ha visto de todo, pero no. Todos conocemos baños para personas discapacitadas que se utilizan como almacén, como cambiapañales, o como "garaje" para el carro de la limpieza, por poner unos ejemplos.

Pero lo último en "reciclaje" de baños adaptados estaba todavía por llegar. Ahora lo tenemos, gracias a una peluquería vitoriana:

"Nace una sala de exposiciones en el baño para minusválidos de una peluquería de Vitoria"

Y es que la modernidad no tiene fronteras. Me pregunto si se suspenderán las visitas mientras el baño se utiliza para sus funciones primitivas, éstas quedarán definitivamente proscritas o, puestos a modernizar, las personas discapacitadas deberán compartir espacio y tiempo con los amantes del arte.

Tal vez el diseñador Iñaki Larrimbe (en la foto) se refiera a esto último cuando explica que se trata de "utilizar el espacio de una forma especial para generar movimiento alrededor del arte".


27 de julio de 2006

Carmen Rigalt y los testículos

Un artículo de Carmen Rigalt, publicado en El Mundo el pasado 11 de julio (el enlace al artículo es de pago), y en el que la autora dice ver a los hombres cojos como "señores descompensados de testículos", ha provocado la respuesta de Ismael Lloréns en su blog, después de haberla enviado al mismo diario y no verla publicada: "Carmen Rigalt y mis testículos".

Dejando a un lado lo que ha provocado el texto de Lloréns, su carta es un buen resumen de lo que vive una persona que utiliza silla de ruedas.

13 de julio de 2006

El concierto de jazz: aprobado raspado

Anoche acudimos al concierto del Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz.

No voy a hacer una crítica de las actuaciones del terceto de Ron Carter y de la Lincoln Center Jazz Orchestra con Wynton Marsalis. En dos palabras, el primero me pareció demasiado academicista y, en ocasiones, frío y los segundos, muy flamencos para tratarse de una suite dedicada a Vitoria; además, hubo demasiada orquesta y muy poco Wynton, más refugiado entre sus músicos que Bob Dylan en la Zurriola. Lo mejor, con diferencia, fue el bis que ofrecieron al final del concierto; incluso el hasta entonces impertérrito técnico de sonido de la Lincoln bailaba como si estuviera en el carnaval de New Orleans.

La acústica del Pabellón de Mendizorroza sigue siendo tan buena como siempre. La acústica es tan buena que, más que al terceto de Ron Carter, se oían algunos teléfonos móviles al encenderse; se oían las bolsas de plástico abrirse y cerrarse; se oía el tráfico de vehículos en el exterior; pero, sobre todo y más que nada, se oían los berridos de la gente que estaba en el bar y en los pasillos.

Y es que, por nuestra seguridad, la organización del Festival situó la zona reservada para personas con problemas de movilidad "lo más cercana posible a la salida de emergencia". Lo que es una forma elegante de decir en la última fila. Curiosamente, entramos casi una hora antes de que empezara el concierto para no tener problemas con la "avalancha" de gente y poder usar sin agobios el elevador para acceder a la pista. Si no hubiéramos tenido esa zona reservada, con esa antelación podríamos haber accedido a un sitio mucho más adecuado para ver y oir el concierto.

Me atrevo a sugerir a los organizadores del Festival que, para la próxima edición, no se preocupen tanto de la salida de emergencia. Si nos "colocan" más cerca del escenario y ocurre alguna situación de emergencia, no hay problema: ya saldremos por donde salen los músicos.

Un último apunte. Me resultó extraño que mucha gente fumara durante el concierto. Creía que, al tratarse de un recinto cerrado, estaría prohibido fumar. Tal vez lo estuviera, y toda esa gente hiciera el mismo caso a la prohibición de fumar que el que hicieron otros tantos a la prohibición de utilizar flashes. Ninguno. Y eso que lo anunciaron por megafonía al principio del concierto. Lo de los flashes; de fumar o no, ni palabra. Esta vez, sí resultó una ventaja estar situados tan cerca de la salida. Al haber algo de ventilación, no se notaba tanto el humo ni el tufo a tabaco. Aún así, cuando llegamos a casa, toda la ropa apestaba a tabacazo.

Antes del concierto de jazz: las putas obras (2)

Ya dije en la primera parte de este culebrón que no me fiaba un pelo del encargado de la obra. Acerté.

El asunto de la chapa de metal que contaba en esa primera parte lo arreglaron bastante bien, poniendo gravilla fina alrededor de la chapa a modo de rampa. Pero hete ahí que ayer, cuando nos preparábamos para asistir al concierto del Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz, mi novia vio por la ventana que estaban picando toda la acera de parte a parte.

Rápidamente, salí con la silla de ruedas a ver si habían dejado un acceso para poder llegar hasta la rampa que me comunica con el mundo exterior. Por supuesto, no habían hecho nada. El paso para los peatones es ahora la antigua carretera, pero la acera no tiene rebaje en ningún sitio. El trabajador que estaba allí no sabía nada del asunto y el encargado estaba missing. Así que volví a llamar a la Policía local. Se presentó un agente y buscó al encargado para que habilitaran el paso que habían dejado para peatones también para sillas de ruedas y demás artilugios.

Llegaron encargados de todas partes, creo que conté hasta cuatro, que se pusieron a discurrir cómo arreglar el asunto y a explicarme que ellos creían que yo vivía justo en el portal cercano a la rampa y que no tendría que pasar por ese lado de la acera (a pesar de que, la vez anterior, alguno me vio ir hasta mi portal). Total, que la cosa era tan "complicada" como poner unas maderas para pasar de la acera a la carretera, una obra faraónica y difícil de imaginar. Podrían haberlo hecho desde un principio y nos habríamos ahorrado el dispositivo de policía y encargados; y, nuevamente, la media hora de espera hasta que se solucionó todo.

Y todo habría sido más fácil, también, si la acera de mi calle hubiera contado ya con rebajes. Hace dos meses que lo pedí, por otras razones, en el 010 (teléfono de información ciudadana del Ayuntamiento), pero deben de "estar trabajando en ello".

Por cierto, no quiero dejar de mencionar que la empresa encargada de esa obra es Dragados. Mis felicitaciones.

6 de julio de 2006

Las putas obras

Lo siento, no me sale otra palabra para calificar lo que me ha pasado este mediodía: tres cuartos de hora parado en la acera de mi calle, a cuarenta metros de mi portal y sin poder acceder a él.

En mi barrio estamos en obras desde hace meses, ya que están construyendo las nuevas viviendas de Salburua y, para ello, urbanizando el terreno. En estos días, en mi calle han estado trabajando con las conducciones de gas y agua, y abriendo zanjas en la acera para ello.

La última zanja, la que me ha llevado a escribir este post, está en la acera de mi calle, en la única salida que tengo para acceder a la rampa que me comunica con el resto de la ciudad.

Para tapar la zanja la semana pasada colocaron una chapa de metal de unos cinco centímetros de alta, con los bordes cortantes y que, además, no estaba totalmente pegada al suelo. El resultado fue que tuve muchas dificultades para subir a la chapa y cruzar al otro lado de la acera (en ambos sentidos). Además, al intentar subir las ruedas de mi silla eléctrica a la chapa, me estaba jugando que se rajaran las ruedas, debido a los bordes cortantes que he mencionado.

Por lo tanto, el viernes llamé al 010 (teléfono de información ciudadana del Ayuntamiento) para exponer mi queja y solicitar que cambiaran esa chapa por otra más baja y mejor colocada. Me contestaron que trasladarían el asunto al departamento correspondiente pero, por supuesto, que hasta el lunes no podrían hacer nada.

Pasó el lunes, y el martes y el miércoles, y no hicieron nada. Yo he seguido con las mismas dificultades cada vez que salía de casa.

Pero hoy, al pasar por la zanja, la chapa estaba más elevada del suelo que nunca, por lo que he podido cruzarla con muchísimas dificultades al salir de casa; sin embargo, en el otro sentido la altura era más elevada y tenía grandes dudas de que a la vuelta podría subir a la chapa por ese lado. Así que he vuelto a llamar desde el móvil al 010, recordándoles mi llamada del viernes y advirtiéndoles de la urgencia, ya que al mediodía no iba a poder acceder hasta mi portal. Ha coincidido que he hablado con la misma persona que me atendió el viernes y me ha dicho que habían trasladado el problema a Ensanche 21, la empresa municipal que se ocupa de esas obras. Y que volvería a hacerlo, comunicándoles la urgencia para solucionarlo.

Algo antes de las dos de la tarde volvíamos a casa mi novia y yo cuando, efectivamente, la chapa y la zanja estaban como las habíamos dejado hacía un par de horas. Por allí no había pasado nadie.

Vuelta a llamar al 010 y hablar con la misma persona. Que sí, que habían hablado con Ensanche 21 y que volvería a intentarlo entonces. Un trabajador que andaba por ahí se nos ha acercado y, al no poder hacer él nada (la chapa pesa muchos kilos), nos ha dicho que iba a buscar al encargado.

Pasaba el tiempo y, al no llegar nadie, he llamado al 092 (Policía local). Me han dicho que enviaban una patrulla para intentar solucionar el problema o, en su caso, ponerse en contacto con los responsables.

El caso es que, a eso de las dos y media, ha llegado el encargado de la obra, que había llamado a una grúa para mover la chapa (se pueden hacer una idea de lo que pesa la condenada). Justo cuando llegaba la grúa, ha llegado también un motorista de la policía local. El encargado me ha dicho que tenía noticia de mi queja, pero el problema es que en esa zanja han trabajado varios gremios y cada uno la dejaba como quería. Ya. Balones fuera, pero no habían hecho nada.

La grúa ha movido la chapa unos centrímetros, que no han servido para nada. Lo que ha posibilitado que pudiera subir a la chapa y cruzar al otro lado ha sido que han retirado los escombros que hacían que la chapa estuviera elevada del suelo. El encargado me ha asegurado que van a tener en cuenta que la chapa quede siempre en esa posición y que van a poner maderas para facilitar el acceso (ya había una en el lado bajo de la chapa). No me fío un pelo.

En eso ha llegado un segundo motorista y me han aconsejado que, si tengo otro problema de ese tipo, en lugar de llamar al 010 les llame a ellos directamente. Visto lo visto, el 010 no ha servido para nada. Ni siquiera han tenido el "detalle" de informarme de las gestiones que habían realizado en cada momento, a pesar de que cuando llamas siempre te piden el nombre y un número de teléfono (¿para qué?).

Tras más de tres cuartos de hora de espera, he podido llegar al portal de mi casa.



Si alguien ha tenido la paciencia de leer hasta aquí, ahora viene un par de conclusiones que saco de todo esto:
  1. Como en tantas ocasiones cuando se trata de accesibilidad, por no hacer lo más fácil luego viene tener que tomar medidas complicadas. Si cada vez que han trabajado en la puñetera zanja, hubieran tenido en cuenta que la chapa debía quedar pegada el suelo, sólo habrían tenido que limpiar bien de escombros el terreno antes de bajar la chapa. Nada complicado. En su lugar, tenemos el "dispositivo" que se ha montado hoy, con policías municipales, el encargado de la obra, la grúa, etc.
  2. La segunda conclusión es la situación siempre al borde del precipicio en la que nos encontramos las personas con movilidad reducida. Cualquier negligencia, cualquier olvido, cualquier retraso puede hacer que, por ejemplo, uno no pueda llegar a su casa. Esta vez ha sido una zanja en el único camino de acceso para una silla de ruedas. Otras veces es un coche aparcado en la acera, o en un rebaje; o una puerta muy ancha pero que no hay quien la abra; o el escalón de turno, etc., etc., etc. Y es que, como siempre, para las instituciones se trata de cumplir las normativas (cuando lo hacen) y no de organizar un entorno, urbano en este caso, sin problemas de accesibilidad y diseñado de principio a fin para todo el mundo. En su lugar, un parche tras otro para intentar arreglar lo que no se ha hecho bien desde un principio.