silla y escalera

13 de julio de 2006

El concierto de jazz: aprobado raspado

Anoche acudimos al concierto del Festival de Jazz de Vitoria-Gasteiz.

No voy a hacer una crítica de las actuaciones del terceto de Ron Carter y de la Lincoln Center Jazz Orchestra con Wynton Marsalis. En dos palabras, el primero me pareció demasiado academicista y, en ocasiones, frío y los segundos, muy flamencos para tratarse de una suite dedicada a Vitoria; además, hubo demasiada orquesta y muy poco Wynton, más refugiado entre sus músicos que Bob Dylan en la Zurriola. Lo mejor, con diferencia, fue el bis que ofrecieron al final del concierto; incluso el hasta entonces impertérrito técnico de sonido de la Lincoln bailaba como si estuviera en el carnaval de New Orleans.

La acústica del Pabellón de Mendizorroza sigue siendo tan buena como siempre. La acústica es tan buena que, más que al terceto de Ron Carter, se oían algunos teléfonos móviles al encenderse; se oían las bolsas de plástico abrirse y cerrarse; se oía el tráfico de vehículos en el exterior; pero, sobre todo y más que nada, se oían los berridos de la gente que estaba en el bar y en los pasillos.

Y es que, por nuestra seguridad, la organización del Festival situó la zona reservada para personas con problemas de movilidad "lo más cercana posible a la salida de emergencia". Lo que es una forma elegante de decir en la última fila. Curiosamente, entramos casi una hora antes de que empezara el concierto para no tener problemas con la "avalancha" de gente y poder usar sin agobios el elevador para acceder a la pista. Si no hubiéramos tenido esa zona reservada, con esa antelación podríamos haber accedido a un sitio mucho más adecuado para ver y oir el concierto.

Me atrevo a sugerir a los organizadores del Festival que, para la próxima edición, no se preocupen tanto de la salida de emergencia. Si nos "colocan" más cerca del escenario y ocurre alguna situación de emergencia, no hay problema: ya saldremos por donde salen los músicos.

Un último apunte. Me resultó extraño que mucha gente fumara durante el concierto. Creía que, al tratarse de un recinto cerrado, estaría prohibido fumar. Tal vez lo estuviera, y toda esa gente hiciera el mismo caso a la prohibición de fumar que el que hicieron otros tantos a la prohibición de utilizar flashes. Ninguno. Y eso que lo anunciaron por megafonía al principio del concierto. Lo de los flashes; de fumar o no, ni palabra. Esta vez, sí resultó una ventaja estar situados tan cerca de la salida. Al haber algo de ventilación, no se notaba tanto el humo ni el tufo a tabaco. Aún así, cuando llegamos a casa, toda la ropa apestaba a tabacazo.

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