silla y escalera

16 de agosto de 2007

Crónica de Barcelona (I): el viaje de ida

Mi novia y yo hemos pasado una semana de vacaciones en Barcelona. En esta entrada y en las siguientes trataré de contar los aspectos relacionados con la accesibilidad (y tal vez algún otro) que crea que pueden ser interesantes para otras personas con movilidad reducida que piensen en viajar a la capital catalana.

Empezaré por el viaje en tren desde Vitoria a Barcelona. En una entrada anterior, ya mencioné las peripecias para sacar los billetes y solicitar la ayuda para poder subir y bajar de los trenes.

En cuanto al precio de los billetes, los trenes en los que viajamos tenían plaza para silla de ruedas sólo en clase preferente. Yo saqué la tarjeta dorada, y así pagué sólo la tarifa reducida de la clase turista. Y ahora, con el nuevo sistema de RENFE para personas con movilidad reducida, al acompañante le cobran también la misma tarifa que a la PMR.

Las personas que nos ayudaron en la estación de Vitoria fueron muy amables, aunque se les notaba mucho que todavía no tenían mucha experiencia con las rampas. El tren Altaria dispone de una rampa que es más fácil de colocar y de utilizar que las que existen ahora en las estaciones, pero se empeñaron en usar la de la estación, lo que alargó un poco el proceso.



El Altaria cuenta con bastante espacio para colocar la silla de ruedas, y anclajes si es necesario. La única pega que le ví fue que la mesa para comer es la que sale del asiento delantero y es algo baja, para mi silla de ruedas al menos.



El recorrido que hicimos en la ida contaba con un transbordo en Calatayud, ya que el tren que va directo de Vitoria a Barcelona no cuenta con plaza para usuarios de silla de ruedas. Esto hizo que los trayectos fueran mucho más largos que lo necesario. En lugar de tardar siete horas, necesitamos diez horas para la ida y media hora más para la vuelta.

En Calatayud tuvimos que esperar casi cuatro horas para tomar el tren Alvia a Barcelona. Había otro tren que salía media hora después de que llegáramos, pero por eso de los problemas de subir y bajar con las rampas, no nos atrevimos a reservarlo. Total, llegó con retraso y habríamos tenido tiempo de sobra, pero qué se le va a hacer...

La persona que manejaba la rampa en Calatayud también debía de ser principiante, y trajo la rampa con la batería descargada. Hubo que ir a por otra para poder elevar la rampa y subir al Alvia, que tiene tres escalones. ¿A quién se le ha ocurrido construir un tren tan "moderno y funcional" con esa altura, en lugar de hacerlo a pie de andén?

Llegamos a Barcelona y allí no hubo problemas con la rampa (tendrían más experiencia, supongo).

Pedimos un taxi adaptado para ir hasta el hotel, a través de Taxi Amic. Todos los taxis que cogimos en Barcelona fueron muy amplios, su sistema de rampas es muy bueno, y en ninguno tocaba yo con la cabeza en el techo (cosa que, en Vitoria, es lo habitual, salvo unas pocas excepciones). Sin embargo, nos dio la impresion de que cada taxista nos cobraba lo que quería (sólo uno cobró lo que marcaba el taxímetro): que si complemento por equipaje, que si hay un mínimo de 11,50 euros, etc.



Nos extrañó saber que en Barcelona sólo hay 50 taxis adaptados. Una cantidad ridícula para el tamaño de la ciudad.

El hotel en que nos alojamos estaba en una calle peatonal, por lo que costó un poco llegar entre el gentío, pero lo conseguimos.

Continuará...

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