silla y escalera

29 de agosto de 2007

Los bordillos de Vitoria

Hace unos días, mientras elogiaba lo bien hechos que me parecían los rebajes de bordillo de Barcelona, señalaba como contraste las chapuzas que se están haciendo últimamente en Vitoria-Gasteiz.

Tal vez a más de una persona que haya leído mi opinión sobre los rebajes de Vitoria le haya podido parecer exagerada. Por supuesto, no me refiero a todos los rebajes de bordillo de Vitoria. La diferencia que encuentro con Barcelona es que allí la excepción (sólo ví una) es un rebaje mal hecho, mientras que en Vitoria, y hablo de rebajes hechos en los últimos dos años, las excepciones se están multiplicando peligrosamente.

Para muestra, un par de botones. No son los únicos, ni mucho menos, pero sí de mis "favoritos" (haciendo click sobre las fotos, pueden verse más grandes).

1. Confluencia de la calle Fueros con la calle General Álava. La calle Fueros se ha peatonalizado recientemente (dos veces, por cierto, ya que la primera vez las baldosas se negaron a pegarse al suelo; otra enfermedad cada vez más extendida por Vitoria):



Este cruce es un homenaje al parcheo, además de un calvario para todas las personas miopes y despistadas de Vitoria.



Me imagino que el arquitecto o quien sea que haya diseñado esta obra estará orgullosísimo de ella, no es para menos una vez visto este bordillo tan útil, por ejemplo:



Si se puede hacer algo chapuceramente, ¿por qué hacerlo bien por el mismo precio?

2. Confluencia de la calle San Antonio con la calle General Álava. Curiosamente, este paso de peatones estaba más o menos bien rebajado hace unos meses; pero debe de haber gente que se aburre mucho, así que lo han cambiado y éste es el resultado:





¿Son rebajes o son parches chapuceros? La consecuencia es que cuando paso por esa calle, me merece la pena dar un poco de vuelta y cruzar por otro lado, con tal de no jugarme la silla de ruedas en el intento.

3 comentarios:

mikel dijo...

si que son una chapuza, la verdad que parece zona de guerra o fotos decuba, jolines con lo poco que cuesta hacerlo bien para todos. pero bueno tu tranquilo en cuanto empeicen a subir coches por ellas se fragmentaran y se las llevara la 1º riada y tendran que poner otras. suerte!

Luis A. dijo...

Lo que yo no llego a explicarme es cómo no comprenden que una rampa bien hecha es cómoda para el que va en silla como para el que camina, lleva una silla de niños, una persona mayor con un carrito de la compra...
Incluso en muchos edificios de nueva construcción, muchos de ellos centros oficiales, cuando entro pienso ¿las sillas de ruedas vendrán con caja reductora? porque hay rampas que no se suben ni en primera de la pendiente. No digamos ya una silla manual, a puro brazo.
Y esos bordillos que en vez de a la altura de la calzada, van a la altura del canal de desagüe, que cuando llueve y se hace el pedazo de charco, me imagino que los abordaréis con las sillas como los americanos en el desambarco de Normandía, "¿a tomar la playa!"
Ánimo en la lucha, hasta que se pueda convencer al que paga las obras de que todos salen beneficiados, en todos los sentidos.
Un saludo.

Ricardo Gómez dijo...

Más que esperar que comprendan, una buena solución sería que el propio arquitecto, aparejador, ingeniero o chapucillas de turno se sentara en una silla de ruedas e intentara salvar las rampas, rebajes y demás supuestas "adaptaciones" que diseñan y construyen.

Sería lo más sencillo, una manera fácil y barata de control de calidad.

Pero si es sencillo y lógico, ¿cómo podemos esperar que los arquitectos y demás pensantes se den cuentan de ello?